Let’s talk about porn

ADVERTENCIA:  Este post no es para menores de 18 años. Avisados quedan.

El porno, ese género tan conocido y desconocido a la vez. Un género tan innovador que, sólo gracias a él, hay ciertas escenas en nuestra vida cotidiana que interpretamos con doble sentido:

¿Acaso alguien realmente ve a una mujer comerse un plátano cuando se está comiendo un plátano?

¿Quién no esboza una sonrisilla cuando el butanero viene a casa?

¿A quién no se le va la imaginación cuando comparte jacuzzi o piscina con los amigos en verano?

¿Qué se os pasa por la mente cuando veis un grupo de colegialas de 4º de ESO de la enseñanza privada?

¿En qué piensas ante un flan o gelatina temblando en un plato?

Ante una pelea de dos chicas, ¿acaso no le añadís bikinis y barro al asunto?

Según wikipedia el término pornografía procede del griego πορνογραφíα (porne es “prostituta” y grafía, “descripción”, es decir, “descripción de una prostituta”). No voy a entrar en diatribas feministas, básicamente porque no vienen a cuento. Las palabras cambian de significado a lo largo del tiempo. Muy atrás quedaron las primeras películas encargadas por Alfonso XIII. Ahora, el porno es un mundo compuesto por miles de submundos: para amantes de las tetas gordas, tetas pequeñas, felaciones, cunnilingus, parejas hetero, tríos, lesbianas en modo 2×1, gays para gays, anal, bukake, hasta máquinas… De todo, hay de todo. Lo que normalmente tienen en común es que es porno hecho por hombres y destinado a un público masculino. Y, por supuesto, las pollas SIEMPRE son grandes. Enormes, monstruosas.

Pero el porno, como las palabras y como si de un ser vivo se tratara, también evoluciona. En los años ochenta, toda película porno de rigor, culminaba con la expresión máxima del placer enfocando la cara del protagonista masculino (normalmente con bigote). Un estilo que afortunadamente desapareció, xD. Más tarde, en los años noventa, parece que el director no gritaba “¡corten!” hasta que una rubia siliconada recibía su correspondiente bendición en la cara (cuán influyente ha sido la película “Garganta profunda”, cuyo argumento no podía ser más innovador y rocambolesco). En el futuro, para paliar complejos, supongo que tendrán que hacer porno de pollas pequeñas, o normalicas por lo menos. Ésas también existen y tienen su aquel.

Porque otro porno es posible.

Ahora las encuestas señalan que el porno amateur es el más demandado. La vuelta al realismo parece ser que está de moda. Y será que por eso mismo del realismo, a mi no me atrae mucho… Que me llamen anticuada, pero sigo prefiriendo a las rubias siliconadas. Esto del porno siempre lo he entendido como el mundo de las fantasías más inalcanzables llevadas a la pantalla. Cuestión de gustos.

Otro género que va despuntando es el “female friendly porn” (FFP). Una etiqueta más en mi opinión, ya que tampoco es que note muchas diferencias entre el tradicional y el FFP, salvo, DIOS NOS HA OÍDO, que los chicos sieeeeeempre son guapos y musculados (¡¡¡Muerte a Torbe!!! ) y las chicas son seres humanos y tienen columna vertebral. No suele haber posturas imposibles que, como mujer, te hacen experimentar dolor al verlas.

Anna Span, Erika Lust son pioneras como directoras de cine pornográfico. A personas como ellas hay que agradecerles el porno lésbico pensado para mujeres a las que les gustan otras mujeres. Hacen películas muy cuidadas. Quizás esa sea la principal diferencia con el porno normal, que la película puede resultar hasta bonita. Ellas insisten en la idea de que es necesario que en el porno también estén las mujeres como directoras y productoras para aportar su punto de vista. Puede que no les falte razón, pero insisto, las etiquetas no van conmigo.

Pero las mujeres no sólo se decantan por los medios audiovisuales para excitarse. De hecho, mayoritariamente recurren, para mi sorpresa, a la literatura. (Así es cómo he empezado a comprender por qué este repentino interés mío en escribir relatos eróticos  :-P). Eso sí, la literatura erótica para mujeres suele ir enmascarada en el formato de novela rosa, un género al que no puedo hacer otra cosa que odiar… Por eso, aprovecho este momento de la narración, para recomendar “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes, cuyo contenido sexual puede llegar incluso a doler, pero que, sin duda, encierra una gran historia de amor y pasión. Eso sí, sin edulcorantes que empalaguen.

La realidad es que parece ser que la mayor parte de la literatura erótica se escribe para las mujeres, mientras que gran parte del porno está hecho para hombres. Y con esta paja mental (nunca mejor dicho), es como me dio por escribir un relato destinado a chicos heterosexuales principalmente, aunque, por supuesto, tiene cabida para todos los públicos en general. Una hace lo que puede…

Como muchos habréis terminado la época de exámenes hace poco, y se prevé un baby boom en España dentro de nueve meses debido a la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica,

os dejo con “Cinco historias para él” en mandragora.fics

http://mandragorafics.wordpress.com/2010/07/13/cinco-historias-para-el/

~ por mandragora en julio 13, 2010.

4 comentarios to “Let’s talk about porn”

  1. El porno ha hecho tanto daño a las mujeres como a los hombres. Las expectativas sexuales desde ambos puntos de vista se han distorsionado desde hace ya unas cuantas décadas. Las tías quieren musculocas de bronceado radiactivo y los tíos rubias despampanantes que duerman sin quitarse el maquillaje de putón. Y esto, evidentemente, es un daño a la imagen del sexo más natural.

    Por cierto, me ha hecho gracia el dato de las pelis porno ochenteras. Ahora que me pongo a pensarlooo… xD

  2. Muy ilustrativa y muy interesante la reflexión. Acerca de cómo el porno puede salirse de sus estereotipos me remito a la llamada “regla 34“, y en lo que se refiere a los múltiples tamaños de los penes, doy fe de que se cumple.

    Las edades de Lulú me fascinó. Es cierto que no es siempre precisamente agradable, pero es intenso y sincero, sin duda un gran libro.

    • Gracias por tu opinión copépodo. No conocía que se llamaba regla 34, aunque el concepto en sí me sonaba de antes, xD.
      Será que no estoy tan puesta en la industria, pero jamás he visto una pequeña en ninguna peli o video. O que he tenido mucho tino seleccionando.

  3. Enrique, por lo que más quieras, no te pares a pensarlo mucho. A mi me causó un shock emocional descubrir ese detalle de las pelis ochenteras. Puaj!

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